«El cerebro es más vulnerable en una ciudad grande»

El prestigioso neurólogo Jose Ángel Obeso recomienda entrar en contacto con la naturaleza para cuidar este órgano; caminando, por ejemplo, una actividad que favorece, además, la creatividad

 

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El doctor Obeso en la playa de Los Locos, Suances – JUAN MANUEL SERRANO

PILAR QUIJADA  PERIODISTA PERIODICO ABC

«En la naturaleza el ser humano se encuentra en su elemento, «es el lugar en el que hemos evolucionado durante miles de años». Lo dice, con conocimiento de causa, José Ángel Obeso, neurólogo de fama internacional que acaba de aceptar la dirección del Centro Integral en Neurociencias A.C. HM CINAC, de HM Hospitales, en Madrid. Por eso siempre que puede se escapa aSuances, para aislarse de la ajetreada vida de la ciudad, sobre todo ahora que ha cambiado su residencia de Pamplona a Madrid. Y es que en esta villa marinera se ha ido tejiendo desde la infancia gran parte de su «red social». «Este entorno del río Besaya es nuestro sitio natural de relajación y recogida afectiva. Es el lugar al que veníamos andando o en bicicleta para encontrar a los amigos del bachillerato. Nuestro entorno afectivo íntimo. Es un sitio espectacular».

Lo cuenta en la playa de Los Locos, «muy conocida en el mundo del surf», donde las olas rompen con fuerza. Pero también la vecina playa de La Concha es muy significativa para él: «Íbamos allí a jugar al vóley y gracias a este deporte tengo mis mejores amigos. El vóley ha sido y sigue siendo el enlace con ellos. Seguimos jugando en verano, aunque cada vez menos, porque llegó un momento en que nos daban muchos balonazos», dice con ironía. El testigo de esa tradición lo han recogido los hijos de aquel grupo de amigos que participaban en un torneo internacional recién creado y que ya está a punto de cumplir su cuarenta edición.

Eran tiempos en los que se estaba forjando el futuro, que se veía de forma un tanto romántica: «Estudié Medicina porque otro amigo y yo decidimos, con una filosofía muy humanitaria y de manera muy inocente, que era lo mejor para ser útiles a la hora de tratar epidemias. Estábamos en sexto de bachillerato y a ambos nos apasionó la biología. Leímos un libro de Severo Ochoa sobre el ADN y las claves de la vida y nos fascinaron la genética y las enfermedades. Queríamos ser médicos para irnos a África, pero no hay que ir tan lejos para ayudar a la gente». De hecho es lo que hace ahora aquí, en nuestro país, donde compagina la investigación con el cuidado de pacientes con trastornos del movimiento, en particular la enfermedad de Parkinson, distonías, mioclonías o tics.

De aquellos maravillosos años quedan recuerdos que brotan mientras pasea al borde del mar, muy cerca del lugar donde se casó: «La playa está llena derecuerdos de los veranos de la juventud, viendo los atardeceres, enamorándonos. Después, con mis hijos y ahora con mis nietos. Y con toda una familia extensa de amigos que han repetido la misma historia».

Nacido en Cuba y criado en Torrelavega, el doctor Obeso se declara «adicto» al Camino de Santiago, que ha recorrido, junto con su mujer, en los últimos ocho años, comenzando en todos los puntos típicos de la Península: «Roncesvalles, Canfranc, Pirineo, Ruta de la Plata… Solemos hacerlo en 8 o 10 días y algún puente. Caminamos unos 25 kilómetros cada jornada, para ir bien y sin lesiones. Ahora estamos empezando desde Francia, en Le Pui, cerca de Lyon. Hicimos 200 kilómetros hasta Moissac, y desde allí continuaremos a Roncesvalles».

Sensación de libertad

Los «caminantes» aseguran que al andar se aclaran las ideas y la mente se aquieta, una creencia con la que el neurólogo José Obeso está totalmente de acuerdo. Ocurre «cuando uno lleva buen tiempo caminando, pero no el primer día, que aún tienes reciente el ritmo de trabajo de 10 o 12 horas». Como experto en la materia, explica que andar es una actividad que tenemos muy optimizada energéticamente. Esa es la razón de que al recorrer el Camino no se adelgace, a pesar de las largas caminatas de cada jornada.

Además, andar favorece la creatividad, asegura, porque el lóbulo frontal, la parte del cerebro que habitualmente nos mantiene a raya, se libera: «Caminar implica una actividad neuronal muy escasa porque es un proceso muy automatizado. Y eso, en mi opinión, libera al cerebro, que empieza a notarseoptimista y eufórico y se te ocurren más ideas. A mí me lo nota mucho mi mujer. Suelo llevar un papel para hacer anotaciones. Tengo la impresión de que voy a tener una revelación científica y a veces pienso que estoy a punto de entenderlo todo, como le ocurre a un místico con Dios. Es muy liberador desde el punto de vista cognitivo y emocional».

El Camino de Santiago tiene otra ventaja, el anonimato: «Es muy horizontal, muy democrático, todos van igual y nadie te pregunta quién eres ni a qué te dedicas, solo detalles del Camino, de dónde has salido o cuánto vas a caminar. Y eso aporta una gran sensación de libertad y de estar con uno mismo. En ocho años, solo una vez he tenido que decir que era médico, porque alguien se puso enfermo».

Sin embargo, asegura, caminar por la playa, en Suances, su sitio de recreo habitual, no tiene ese efecto tan liberador, «porque las distancias son más cortas, como mucho una hora, y no da tiempo a desconectar». A cambio hay otras recompensas culinarias: «Después nos sentamos en un chiringuito y tomamos unas rabas».

Ante el ritmo de vida que nos impone la ciudad, recomienda, como receta para cuidar el cerebro, elcontacto con la naturaleza: «Crea un estado de bienestar emocional fundamental en los tiempos que vivimos. Para el cerebro es como una vuelta al úteromaterno. La vida de una buena parte de los humanos ha cambiado muy rápido en términos evolutivos, pero el cerebro ha evolucionado de forma más lenta, a lo largo de cientos de miles de años. Ahora nos trasladamos en horas de continente y cambian los ritmos de luz o incluso las estaciones del año. Y con las comunicaciones actuales, la cantidad de estímulos que le llegan al cerebro es tremenda. Está sometido a una hiperactividad mantenida,trabajando en multitarea». Por eso es tan necesario y reparador el contacto habitual con la naturaleza, porque «devuelve al ser humano a la esencia para la que ha evolucionado durante miles de años, a nuestro medio y funciones naturales».

Después de su traslado a Madrid desde Pamplona añora los lugares que frecuentaba y está buscando «su sitio» en la gran e hiperactiva urbe: «En Pamplona, en minutos estaba en un lugar donde podía caminar o correr para estar en forma para el Camino. En Madrid no es tan fácil. El ruido, laspersonas con las que te cruzas… El cerebro es más vulnerable en una ciudad grande».

De Pamplona echa de menos la estructura social «reducida en cantidad pero muy bien urdida» y la red de actividades «que me permitían una vida muy agradable». Sin embargo, asegura, esa añoranza está compensada con creces con la ilusión de un cambio de vida y el apasionante proyecto al frente de HM CINAC, donde, con un enfoque multidisciplinar, tratará de entender mejor enfermedades neurodegenerativas como el párkinson y otros trastornos psiquiátricos.

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